Fútbol / jugadores

leito1983
La Década del 10
Mi romance con el fútbol empezó a mediados de la década de los 90. Amén de mi preferencia en los colores, los fanáticos de este deporte podemos mirar cualquier partido, y si hay un jugador en la cancha que nos interese, decidimos a dedicarle nuestro tiempo esperando a que nos deslumbre con alguna jugada o un gol. Si un futbolista lleva el número 10 en su espalda, solemos decir: “por algo es”. En la actualidad no están así, pero tener la 10 significaba en los ’90 ser enganche, volante creativo, ser habilidoso, tener pase gol y buena pegada. Todos tuvieron un mediocampista ofensivo que hacía la diferencia. Desde los equipos más poderosos a los más humildes. Zurdo o diestro, no importaba. Lo más importante era el talento. En Caballito, Raúl Chaparro apareció en la primera de Ferro Carril Oeste demostrando su excelente pegada. Virtud que le permitía la licencia de no controlar la pelota para tener precisión. El enganche formó parte del plantel Sub 20 de la Argentina campeón del mundo en Catar 1995. Argentinos Juniors siempre fue cuna de cracks, de jugadores diferentes. Federico Insúa apareció a fines de 1997 y deslumbró con su pierna izquierda, su pegada y personalidad a tan corta edad para ponerse el equipo al hombro; supo brillar en Independiente de Avellaneda y Boca Junios. Un mediocampista con visión de juego, despliegue y de lujo productivo, sólo si era necesario, utilizaba el recurso del taco o la rabona. De Paternal nos vamos a Liniers y encontramos a Vélez en su etapa más gloriosa, la dirigida por Carlos Bianchi. De ese equipo, surgió Roberto “Tito” Pompei, otro zurdo con muy buena pegada y que en España se hizo querer con sus golazos de larga distancia. En el Sur, Lanús disfrutó de una debilidad de quien escribe. Un enganche amado por todos los delanteros que compartieron equipo con él. Me refiero a Ariel “Caño” Ibagaza. Si digo que los goleadores lo adoraban es porque él sabía asistirlos y dejarlos solos mano a mano ante el arquero. Ibagaza también fue parte del seleccionado Sub 20 en Catar y salió campeón de la Copa Conmebol 1996. Un equipo de un mediocampo exquisito: Hugo Morales, Walter Coyete y Ariel Ibagaza. Y si de debilidades se trata, José Luis “Garrafa” Sánchez es otra de ellas. Un atorrante del fútbol (fulbo como le gustaba decir a él). Pícaro para jugar, excelente pegada y difícil de marcar. Una lesión en la rodilla hizo que su juego perdiera velocidad pero él lo reemplazaba con su inteligencia. En un partido contra Boca Juniors, Banfield salía de contrataque y él, sabiéndose más lento, emuló que el juez de línea le cobró fuera de juego levantando la mano y haciendo montoncito. Eso hizo que los rivales aminoren la marcha y le dieran ventaja para que siga corriendo. Para llegar a primera, uno de las condiciones que uno debía tener es un físico con cierta resistencia. Los enjutos no solían debutar en primera. Pero no fue el caso de Damián “El Piojo” Manso en Newells Old Boys de Rosario. El Zurdo habilidoso, rápido y escurridizo hacía la diferencia en la Lepra por aquellos finales de los ‘90. En Arroyito, también en Rosario, el Canalla peleó palmo a palmo el campeonato con River y Boca en el Apertura 1999; terminando segundo en la competencia. La máxima figura fue Ezequiel González. El mediocampista central tenía pase gol y muy buena pegada con pelota en movimiento y en tiros libres. A finales de los ’90, en Gimnasia y Esgrima de La Plata debutó un enganche también con pase gol y buena pegada: Mariano Messera. Por el lado del rival, Rodolfo Cardoso apareció en el Pincha Rata, brilló y rápidamente se lo llevaron de Estudiantes para Alemania. En la Bundesliga el jugador se cansó de hacer goles con su zurda. Cuando se retiró el máximo ídolo de Independiente, Ricardo Bochini, la camiseta número 10 parecía haber quedado bacante en la institución gloriosa de Avellaneda. Pero en 1994, apareció un melenudo con visión de juego y pase gol que conquistó copas internacionales con el Rojo: dos Supercopas (1994 y 1995) y la Recopa de 1995. Al igual que el Bocha, Independiente fue la casa de Daniel Garnero y donde mejor se sentía. Daniel Montenegro supo brillar tanto en Independiente como en River, pero él nació en el equipo de Parque Patricios. El Rolfi ya se destacó por su pegada de media distancia y llegada al área para terminar la jugada. “Es un penal con barrera para él” solían decir los relatores cuando el ejecutor que estaba en cancha era un especialista indiscutido. Este grupo selecto es el que voy a dedicarle los próximos párrafos. Néstor Raúl Gorosito no sólo era un especialista en los tiros libres, sino también en los penales. Pipo tenía tanta categoría, que era capaz de convertir un penal frente a un arquero escandalosamente adelantado. Quien escribe también se maravilló al ver cómo habilitaba a un compañero de espaldas levantando la pelota con el empeine. Otro enganche de sensibilidad especial era el Mago Rubén Capria. Capaz de dormir una pelota que caía prácticamente desde el cielo. Un zurdo que se cansó de hacer goles con una barrera de por medio. Panorama dentro de la cancha, pases entre líneas y tiros libres clavados en un ángulo. Así eran Juan Román Riquelme y Marcelo Daniel Gallardo. Román sabía cubrir la pelota con el cuerpo, poner la pelota donde él quería tanto en pases cortos, largos y disparos al arco. Marcó tiros libres cerca del arco, en un área súperpoblada y encontrando el hueco para que la pelota pase e infle la red. Riquelme debutó ante Unión de Santa Fé y fue ovacionado por la hinchada. Un joven de 18 años que acumuló las marcas en el círculo central y habilitó a Tito Pompei, mencionado más arriba en la nota. Y el Muñeco Gallardo fue (igual que ahora como técnico del Millonario) clave en los títulos locales e internacionales que obtuvo River. Goles desde fuera del área, de tiro libre, pases con el borde interno y externo. En su último superclásico, recuerdo a mi tío Pedro pidiendo que lo saquen a Gallardo “porque lo notaba cansado”. Al rato, el 10 de River clavó un golazo de tiro libre y la volada del Pato Abondanzieri lo hizo más espectacular. En los años 90, los 10 eran los que “te enganchaban” para ver un partido y te pagaban con fútbol.
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leito1983
La Década del 10
Mi romance con el fútbol empezó a mediados de la década de los 90. Amén de mi preferencia en los colores, los fanáticos de este deporte podemos mirar cualquier partido, y si hay un jugador en la cancha que nos interese, decidimos a dedicarle nuestro tiempo esperando a que nos deslumbre con alguna jugada o un gol. Si un futbolista lleva el número 10 en su espalda, solemos decir: “por algo es”. En la actualidad no están así, pero tener la 10 significaba en los ’90 ser enganche, volante creativo, ser habilidoso, tener pase gol y buena pegada. Todos tuvieron un mediocampista ofensivo que hacía la diferencia. Desde los equipos más poderosos a los más humildes. Zurdo o diestro, no importaba. Lo más importante era el talento. En Caballito, Raúl Chaparro apareció en la primera de Ferro Carril Oeste demostrando su excelente pegada. Virtud que le permitía la licencia de no controlar la pelota para tener precisión. El enganche formó parte del plantel Sub 20 de la Argentina campeón del mundo en Catar 1995. Argentinos Juniors siempre fue cuna de cracks, de jugadores diferentes. Federico Insúa apareció a fines de 1997 y deslumbró con su pierna izquierda, su pegada y personalidad a tan corta edad para ponerse el equipo al hombro; supo brillar en Independiente de Avellaneda y Boca Junios. Un mediocampista con visión de juego, despliegue y de lujo productivo, sólo si era necesario, utilizaba el recurso del taco o la rabona. De Paternal nos vamos a Liniers y encontramos a Vélez en su etapa más gloriosa, la dirigida por Carlos Bianchi. De ese equipo, surgió Roberto “Tito” Pompei, otro zurdo con muy buena pegada y que en España se hizo querer con sus golazos de larga distancia. En el Sur, Lanús disfrutó de una debilidad de quien escribe. Un enganche amado por todos los delanteros que compartieron equipo con él. Me refiero a Ariel “Caño” Ibagaza. Si digo que los goleadores lo adoraban es porque él sabía asistirlos y dejarlos solos mano a mano ante el arquero. Ibagaza también fue parte del seleccionado Sub 20 en Catar y salió campeón de la Copa Conmebol 1996. Un equipo de un mediocampo exquisito: Hugo Morales, Walter Coyete y Ariel Ibagaza. Y si de debilidades se trata, José Luis “Garrafa” Sánchez es otra de ellas. Un atorrante del fútbol (fulbo como le gustaba decir a él). Pícaro para jugar, excelente pegada y difícil de marcar. Una lesión en la rodilla hizo que su juego perdiera velocidad pero él lo reemplazaba con su inteligencia. En un partido contra Boca Juniors, Banfield salía de contrataque y él, sabiéndose más lento, emuló que el juez de línea le cobró fuera de juego levantando la mano y haciendo montoncito. Eso hizo que los rivales aminoren la marcha y le dieran ventaja para que siga corriendo. Para llegar a primera, uno de las condiciones que uno debía tener es un físico con cierta resistencia. Los enjutos no solían debutar en primera. Pero no fue el caso de Damián “El Piojo” Manso en Newells Old Boys de Rosario. El Zurdo habilidoso, rápido y escurridizo hacía la diferencia en la Lepra por aquellos finales de los ‘90. En Arroyito, también en Rosario, el Canalla peleó palmo a palmo el campeonato con River y Boca en el Apertura 1999; terminando segundo en la competencia. La máxima figura fue Ezequiel González. El mediocampista central tenía pase gol y muy buena pegada con pelota en movimiento y en tiros libres. A finales de los ’90, en Gimnasia y Esgrima de La Plata debutó un enganche también con pase gol y buena pegada: Mariano Messera. Por el lado del rival, Rodolfo Cardoso apareció en el Pincha Rata, brilló y rápidamente se lo llevaron de Estudiantes para Alemania. En la Bundesliga el jugador se cansó de hacer goles con su zurda. Cuando se retiró el máximo ídolo de Independiente, Ricardo Bochini, la camiseta número 10 parecía haber quedado bacante en la institución gloriosa de Avellaneda. Pero en 1994, apareció un melenudo con visión de juego y pase gol que conquistó copas internacionales con el Rojo: dos Supercopas (1994 y 1995) y la Recopa de 1995. Al igual que el Bocha, Independiente fue la casa de Daniel Garnero y donde mejor se sentía. Daniel Montenegro supo brillar tanto en Independiente como en River, pero él nació en el equipo de Parque Patricios. El Rolfi ya se destacó por su pegada de media distancia y llegada al área para terminar la jugada. “Es un penal con barrera para él” solían decir los relatores cuando el ejecutor que estaba en cancha era un especialista indiscutido. Este grupo selecto es el que voy a dedicarle los próximos párrafos. Néstor Raúl Gorosito no sólo era un especialista en los tiros libres, sino también en los penales. Pipo tenía tanta categoría, que era capaz de convertir un penal frente a un arquero escandalosamente adelantado. Quien escribe también se maravilló al ver cómo habilitaba a un compañero de espaldas levantando la pelota con el empeine. Otro enganche de sensibilidad especial era el Mago Rubén Capria. Capaz de dormir una pelota que caía prácticamente desde el cielo. Un zurdo que se cansó de hacer goles con una barrera de por medio. Panorama dentro de la cancha, pases entre líneas y tiros libres clavados en un ángulo. Así eran Juan Román Riquelme y Marcelo Daniel Gallardo. Román sabía cubrir la pelota con el cuerpo, poner la pelota donde él quería tanto en pases cortos, largos y disparos al arco. Marcó tiros libres cerca del arco, en un área súperpoblada y encontrando el hueco para que la pelota pase e infle la red. Riquelme debutó ante Unión de Santa Fé y fue ovacionado por la hinchada. Un joven de 18 años que acumuló las marcas en el círculo central y habilitó a Tito Pompei, mencionado más arriba en la nota. Y el Muñeco Gallardo fue (igual que ahora como técnico del Millonario) clave en los títulos locales e internacionales que obtuvo River. Goles desde fuera del área, de tiro libre, pases con el borde interno y externo. En su último superclásico, recuerdo a mi tío Pedro pidiendo que lo saquen a Gallardo “porque lo notaba cansado”. Al rato, el 10 de River clavó un golazo de tiro libre y la volada del Pato Abondanzieri lo hizo más espectacular. En los años 90, los 10 eran los que “te enganchaban” para ver un partido y te pagaban con fútbol.
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La Década del 10
Mi romance con el fútbol empezó a mediados de la década de los 90. Amén de mi preferencia en los colores, los fanáticos de este deporte podemos mirar cualquier partido, y si hay un jugador en la cancha que nos interese, decidimos a dedicarle nuestro tiempo esperando a que nos deslumbre con alguna jugada o un gol. Si un futbolista lleva el número 10 en su espalda, solemos decir: “por algo es”. En la actualidad no están así, pero tener la 10 significaba en los ’90 ser enganche, volante creativo, ser habilidoso, tener pase gol y buena pegada. Todos tuvieron un mediocampista ofensivo que hacía la diferencia. Desde los equipos más poderosos a los más humildes. Zurdo o diestro, no importaba. Lo más importante era el talento. En Caballito, Raúl Chaparro apareció en la primera de Ferro Carril Oeste demostrando su excelente pegada. Virtud que le permitía la licencia de no controlar la pelota para tener precisión. El enganche formó parte del plantel Sub 20 de la Argentina campeón del mundo en Catar 1995. Argentinos Juniors siempre fue cuna de cracks, de jugadores diferentes. Federico Insúa apareció a fines de 1997 y deslumbró con su pierna izquierda, su pegada y personalidad a tan corta edad para ponerse el equipo al hombro; supo brillar en Independiente de Avellaneda y Boca Junios. Un mediocampista con visión de juego, despliegue y de lujo productivo, sólo si era necesario, utilizaba el recurso del taco o la rabona. De Paternal nos vamos a Liniers y encontramos a Vélez en su etapa más gloriosa, la dirigida por Carlos Bianchi. De ese equipo, surgió Roberto “Tito” Pompei, otro zurdo con muy buena pegada y que en España se hizo querer con sus golazos de larga distancia. En el Sur, Lanús disfrutó de una debilidad de quien escribe. Un enganche amado por todos los delanteros que compartieron equipo con él. Me refiero a Ariel “Caño” Ibagaza. Si digo que los goleadores lo adoraban es porque él sabía asistirlos y dejarlos solos mano a mano ante el arquero. Ibagaza también fue parte del seleccionado Sub 20 en Catar y salió campeón de la Copa Conmebol 1996. Un equipo de un mediocampo exquisito: Hugo Morales, Walter Coyete y Ariel Ibagaza. Y si de debilidades se trata, José Luis “Garrafa” Sánchez es otra de ellas. Un atorrante del fútbol (fulbo como le gustaba decir a él). Pícaro para jugar, excelente pegada y difícil de marcar. Una lesión en la rodilla hizo que su juego perdiera velocidad pero él lo reemplazaba con su inteligencia. En un partido contra Boca Juniors, Banfield salía de contrataque y él, sabiéndose más lento, emuló que el juez de línea le cobró fuera de juego levantando la mano y haciendo montoncito. Eso hizo que los rivales aminoren la marcha y le dieran ventaja para que siga corriendo. Para llegar a primera, uno de las condiciones que uno debía tener es un físico con cierta resistencia. Los enjutos no solían debutar en primera. Pero no fue el caso de Damián “El Piojo” Manso en Newells Old Boys de Rosario. El Zurdo habilidoso, rápido y escurridizo hacía la diferencia en la Lepra por aquellos finales de los ‘90. En Arroyito, también en Rosario, el Canalla peleó palmo a palmo el campeonato con River y Boca en el Apertura 1999; terminando segundo en la competencia. La máxima figura fue Ezequiel González. El mediocampista central tenía pase gol y muy buena pegada con pelota en movimiento y en tiros libres. A finales de los ’90, en Gimnasia y Esgrima de La Plata debutó un enganche también con pase gol y buena pegada: Mariano Messera. Por el lado del rival, Rodolfo Cardoso apareció en el Pincha Rata, brilló y rápidamente se lo llevaron de Estudiantes para Alemania. En la Bundesliga el jugador se cansó de hacer goles con su zurda. Cuando se retiró el máximo ídolo de Independiente, Ricardo Bochini, la camiseta número 10 parecía haber quedado bacante en la institución gloriosa de Avellaneda. Pero en 1994, apareció un melenudo con visión de juego y pase gol que conquistó copas internacionales con el Rojo: dos Supercopas (1994 y 1995) y la Recopa de 1995. Al igual que el Bocha, Independiente fue la casa de Daniel Garnero y donde mejor se sentía. Daniel Montenegro supo brillar tanto en Independiente como en River, pero él nació en el equipo de Parque Patricios. El Rolfi ya se destacó por su pegada de media distancia y llegada al área para terminar la jugada. “Es un penal con barrera para él” solían decir los relatores cuando el ejecutor que estaba en cancha era un especialista indiscutido. Este grupo selecto es el que voy a dedicarle los próximos párrafos. Néstor Raúl Gorosito no sólo era un especialista en los tiros libres, sino también en los penales. Pipo tenía tanta categoría, que era capaz de convertir un penal frente a un arquero escandalosamente adelantado. Quien escribe también se maravilló al ver cómo habilitaba a un compañero de espaldas levantando la pelota con el empeine. Otro enganche de sensibilidad especial era el Mago Rubén Capria. Capaz de dormir una pelota que caía prácticamente desde el cielo. Un zurdo que se cansó de hacer goles con una barrera de por medio. Panorama dentro de la cancha, pases entre líneas y tiros libres clavados en un ángulo. Así eran Juan Román Riquelme y Marcelo Daniel Gallardo. Román sabía cubrir la pelota con el cuerpo, poner la pelota donde él quería tanto en pases cortos, largos y disparos al arco. Marcó tiros libres cerca del arco, en un área súperpoblada y encontrando el hueco para que la pelota pase e infle la red. Riquelme debutó ante Unión de Santa Fé y fue ovacionado por la hinchada. Un joven de 18 años que acumuló las marcas en el círculo central y habilitó a Tito Pompei, mencionado más arriba en la nota. Y el Muñeco Gallardo fue (igual que ahora como técnico del Millonario) clave en los títulos locales e internacionales que obtuvo River. Goles desde fuera del área, de tiro libre, pases con el borde interno y externo. En su último superclásico, recuerdo a mi tío Pedro pidiendo que lo saquen a Gallardo “porque lo notaba cansado”. Al rato, el 10 de River clavó un golazo de tiro libre y la volada del Pato Abondanzieri lo hizo más espectacular. En los años 90, los 10 eran los que “te enganchaban” para ver un partido y te pagaban con fútbol.
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