Ayer, 11 de diciembre de 2018, se cumplieron dos años de uno de los mejores días de mi vida. Como no podía ser diferente, la felicidad que sentí ese día estaba directamente relacionada al fútbol. Hoy seguiré la segunda parte de la travesía que tuve que pasar para conocer a Carolina Padrón, una de las máximas figuras del periodismo deportivo en Latinoamérica.


Si no leíste la primera parte, aquí está - Cómo conocí a Carolina Padrón (Parte I)


Debo decir que lamentablemente el Zulia FC perdió ese partido y el titulo fue a parar a manos del equipo visitante, pero nuestro duelo no podía durar mucho. Javier y yo nos miramos, lamentamos la derrota y pusimos en marcha nuestro plan. Inmediatamente abandonamos nuestros asientos y nos dirigimos a la rampa que pensábamos que era la única entrada y salida al palco VIP. Allí estábamos Javier y yo, listo para interceptar a Carolina cuando bajase. Pensábamos que éramos unos genios, mucho más listos que los demás y que nos estábamos adelantando a todos los que también deseaban conocerla. Mientras esperábamos, nos arreglábamos para vernos presentables; preparábamos nuestros teléfonos y ensayábamos las palabras que le diríamos.

Fue así como pasaron 10 minutos hasta que empezó a bajar gente, pero ninguna era Carolina. Vimos pasar al presidente de la Federación Venezolana de Fútbol y a varias estrellas de la farándula venezolana. Pasaron 10, 20, 30 minutos y nadie más bajaba por la rampa. Nuestra fe se venía abajo al ver que nuestro plan infalible estaba fracasando. No pudimos aguantar más y subimos la rampa hasta llegar a la entrada del palco VIP. Entramos en él y notamos que estaba vacío, al mismo tiempo que vimos una puerta contigua que daba a la sección más alta de la grada principal del estadio. Fue decepcionante no encontrar a Carolina allí, nos dimos cuenta que desde el palco había una entrada que llevaba directamente a los camerinos y al campo de juego.

Desde lo más alto del estadio hicimos un paneo general en busca de Carolina y fue cuando la logramos divisarla en medio del campo de juego junto a su hermana, que formaba parte del personal logístico del Zulia FC. Bajamos a la platea principal, la que más cerca esta del campo. Debo destacar que el estadio “Pachencho” Romero tiene pista olímpica además de un antiguo velódromo alrededor de la cancha, lo que hace que el público esté muy alejado del campo de juego. Para nuestro desconsuelo, tuvimos que ver desde allí durante 20 minutos como Carolina Padrón, el motivo principal de nuestro viaje, disfrutaba en el campo de juego rodeada de las decenas de personas que tenían acceso hasta allá y podían compartir con ella.

Ese fue uno de los peores momentos de mi vida. Allí estábamos Javier y yo, al lado de la baranda viendo impotentes como nuestro sueño se derrumbaba. Tan cerca y a la vez tan lejos. Créanme que consideramos todo a fin de lograr entrar con Carolina a como dé lugar. Pensamos en saltar desde esa platea hasta la zona de abajo, donde se encontraba la entrada de los camerinos y el acceso directo al campo de juego. Era un salto riesgoso, ya que la platea estaba a unos tres metros del suelo y, de salir ilesos, podrían atraparnos los policías y meternos en serios problemas. Descartamos esa alternativa.

Entonces divisamos que al costado del estadio estaba la puerta por la cual ingresaba la prensa acreditada y al lado había una cerca de alambre la cual, en medio de nuestra desesperación, pensamos que sería un buen plan saltarla e ingresar al campo. Suena loco, pero en ese momento esa era nuestra mejor oportunidad y nos lanzamos hacia ella. Inmediatamente Javier y yo salimos corriendo como dos locos abalanzándonos hacia nuestra última oportunidad de conocer a Carolina Padrón. Para poder accesar a aquella zona debíamos salir del estadio y entrar por un costado del mismo que daba con el estacionamiento. El “Pachencho” es un estadio bastante raro arquitectónicamente hablando.

Finalmente llegamos a la zona designada totalmente exhaustos tras nuestra carrera. Pero lo que sucedía allí era diferente a lo que podíamos ver desde arriba. Esa puerta estaba totalmente abarrotada de gente que intentaba colarse también al campo, pero por la cual sólo personas con acreditación podían entrar. Sin embargo, la cerca de alambre estaba allí al lado y pudimos percatarnos que tenían un hueco. Podíamos levantar la malla y pasar por debajo de ella en vez de saltarla. Pero el mismo alboroto que había en la puerta hizo que estuviera resguardada por policías. Esto minó nuestra confianza para poder acceder de manera ilegal al campo, no queríamos enfrentar nuestra primero experiencia siendo aprehendidos por la justicia.

Sentíamos que todo estaba perdido, que sólo un milagro nos podía salvar. Que decir que ese milagro llegó y de manos de la persona menos pensada. Javier vio entre la multitud que un amigo de él llamado Luis Hernández se encontraba del otro lado de la puerta. Al verlo Javier prácticamente cayó a sus pies y le preguntó si Carolina aún no se había ido y estaba en el terreno de juego. Luis era compañero de la Universidad de Javier y tenía pase de prensa ya que trabajaba con el Zulia FC. Él nos dijo que aún estaba allí, pero que ya estaba por irse. Le rogamos, no, le suplicamos que utilizara sus influencias para que nos dejaran pasar. Quizás fue obra de los dioses, quizás sólo sintió lástima al ver nuestra desesperación; lo cierto es que nos iba a hacer ese favor.

Debo admitir que Luis tuvo que mentir para ayudarnos, pero era por una buena causa. Le dijo a la persona de seguridad que estaba custodiando la puerta que la Jefa de prensa del Zulia FC nos estaba llamando. Nuestros rostros se iluminaron cuando nos dejaron entrar. A partir de aquel día y hasta ahora Luis adquirió el título de “San Luis Hernández”, por el milagro que obró ese día para con nosotros al rescatarnos de nuestra particular predicamento.

Carolina Padrón y yo

Javier y yo salimos corriendo rumbo a la entrada al campo y fue entonces, cuando estábamos a punto de entrar para pisar el césped, que la vimos. Tras toda nuestra angustia, una hermosa visión de apersonó en frente de nosotros. Se trataba de Carolina Desireé José Padrón Ríos. Allí se encontraba ella; con sus zapatos deportivos, jeans, blusa blanca y cabello rojizo, justo en frente de nosotros. De más está decir que nos quedamos hipnotizados con su escandalosa belleza, la televisión no le hace la justicia suficiente. Con la voz temblorosa de la emoción le preguntamos si podíamos tomarnos una foto, a lo cual ella accedió gustosamente. Tenerla tan cerca causó que un escalofrío recorriera nuestros cuerpos. Jamás pensé que algún día podría llegar a conocer a esa gran mujer a la cual tanto admiraba y con la cual prácticamente crecí viéndola en la televisión a medida que aumentaba mi amor por el fútbol.

Carolina Padrón y Javier

Le dimos las gracias por atendernos a pesar de que ya se iba y le dijimos que ni se imaginaba todo lo que tuvimos que pasar para poder conocerla. Ella, con la sonrisa que siempre la ha caracterizado, nos dio las gracias por haber venido específicamente para verla y nos dijo que había sido un placer. Se despidió de nosotros y nos dio a cada uno un beso en la mejilla, tal como es característico en nuestra región. Si una semana atrás ni me imaginaba poder conocerla en persona, mucho menos paso por mi mente la idea de recibir un beso de su parte. En ese momento, es ese breve y precioso momento, supe que toda la travesía que habíamos tenido que sufrir había valido la pena. Cada vez que reviso esa foto una sonrisa se esboza en mi rostro al recordar ese momento que, aunque breve, significó muchísimo para mí. En retrospectiva me hubiera encantado poder hablar un poco más con ella y poder decirle tantas cosas que tenía dentro de mí, pero entendíamos que ya ella debía irse.

Javier y yo en el terreno de juego del Estadio "Pachencho" Romero

Y allí estábamos Javier y yo, en medio del mismo campo de juego que habían pisado leyendas del fútbol mundial como Messi, Riquelme, Ronaldo, Ronaldinho, Kaká, Crespo, Roberto Carlos, Diego Forlán y que había visto coronarse a Brasil campeón de América en 2007; con un hermoso atardecer a nuestras espaldas y los vestigios de la celebración de título del equipo visitante. Era como si el cielo nos hubiera dado su beneplácito tras nuestra gesta histórica. De cierta forma, para nosotros ese mítico estadio había sumado un título más ese día a su palmarés de logros históricos: el día que pudimos conocer a Carolina Padrón. Como diría mi amigo Will Smith: "Esta parte de mi vida, este pequeño momento de mi vida se llama felicidad".

Yo en la sala de prensa del Estadio

Además, aprovechamos para explorar con libertad otras zonas del estadio a las cuales en otras partes del mundo difícilmente pudiéramos haber accesado como las porterías, el banco de suplentes y la sala de prensa. Recuerden que estamos en Venezuela.

No nos importaba nada; ni que nuestro equipo hubiera perdido el campeonato o que tuviéramos que volver a casa en el trasporte público en horas de la noche, a pesar de los altos índices de delincuencia en la ciudad. Íbamos atontados en el bus, cuestionándonos si lo que acabábamos de vivir era realidad o una simple fantasía. No quedaba nada más por hacer que empezar a atesorar en nuestras memorias ese recuerdo imborrable que pude experimentar a los 20 años de edad, el recuerdo de uno de los mejores días de mi vida: el día que conocí a Carolina Padrón.


Carito, si estás leyendo esto quisiera decirte varías cosas que no pude ese día en el estadio. Primero que nada quiero darte las gracias por la amabilidad con la que nos trataste ese día a nosotros y a todas las otras personas que te abordaron antes; y por haberte tomado el tiempo de atendernos y tomarte una foto con nosotros. Sé que puede parecer que no fue nada extraordinario; pero para mi amigo y para mí significó mucho ese gesto de tu parte, a pesar de que ya te ibas.

También quiero decirte que siento una gran admiración por ti y por tu trabajo. Como dije antes, te he seguido desde tu paso por Meridiano Televisión hasta llegar a ESPN donde formabas parte de mí día a día. Creo que eres una periodista excepcional y una persona con la cual vale la pena tener una buena e instructiva conversación. Y de más está decir que eres una mujer extremadamente hermosa y un gran ser humano.

Realmente me hubiera gustado conversar más contigo y sé que tu sin ningún tipo de reparo hubieras accedido, pero lamentablemente no se pudo. Maracaibo es tu tierra y siempre lo será; así que cuando vuelvas por acá te invitaré unas buenas empanadas (conozco un lugar) y podremos compartir una buena charla futbolera. Acá en Venezuela extrañamos verte a ti y a todo el equipo de ESPN Norte, nos hace falta ese periodismo de verdad que tanto nos encanta.

Con mucho cariño…

Yirbeel Roger.