El colombiano James Rodríguez ha vuelto a ser objeto de críticas en Alemania. Su club, el Bayern Münich, ha encadenado una espantosa inicio de temporada que los tiene fuera de los puestos de Champions. Y uno de los grandes acusados de este mal rendimiento es James, quien ha vuelto al ojo del huracán tras unas declaraciones de Lothar Matthäus. La leyenda alemana no se guardó nada y dijo lo siguiente sobre James:

“Se siente ofendido cuando no juega de titular. Luego sale de titular y juega como si no fuera parte del equipo. Los jugadores deben bajarse de su pedestal y asumir que tienen que estar al servicio del club. El Bayern es un club de clase mundial y los jugadores tienen que estar satisfechos de jugar para un equipo así”.

Me alegra que por fin alguien se atreviera a decir la verdad sobre James y no hay duda de que a Matthäus le indigna tanto como a mí la actitud del colombiano tanto dentro como fuera del campo. A todo esto debemos sumar en inconformismo del colombiano con su actual entrenador Niko Kovac, al cual al parecer cuestionó hace algunas semanas en el camerino al decirle que “este no es el Eintracht Frankfurt”, en alusión al ex equipo de Kovac y dejando entrever que no está capacitado para dirigir a un club grande como el Bayern Münich.

Esta es una escena que dista mucho de la imagen que tiene la gente de James Rodríguez: de una buena persona, educado, disciplinado, profesional, que no rompe ni un plato. Sin embargo, este tipo de situaciones que no dejan de repetirse sin importar el club donde juegue, nos dejan ver al verdadero James Rodríguez, el cual dista mucho de lo que pensábamos de él.

No puede ser casualidad que por cada equipo que pase James Rodríguez tenga problemas con cada uno de sus entrenadores. Ya le sucedió con Ranieri en su paso por el Mónaco, ya sucedió con Zidane en el Real Madrid e inclusive con Ancelotti en el corto espacio de tiempo que compartieron en el Bayern. En cada uno de estos casos sus entrenadores vieron que James no tenía sitio en el once inicial del equipo, pero esto era algo que claramente el colombiano no entendía.

Yo no dudo ni por un segundo del talento innato de James Rodríguez. Creo que tiene una pierna zurda educada y es uno de los mejores pasadores del fútbol mundial. Pero también estoy convencido que es un jugador irregular y con poca fortaleza mental. Es capaz de jugar a plenitud durante dos meses para luego desaparecer por el resto de la campaña. Ya le pasó en el Real Madrid cuando luego de una primera temporada de ensueño, en su segundo año bajó de nivel y no fue capaz de adaptarse a las nuevas circunstancias del equipo con los cambios de entrenador.

A veces pienso que James es un jugador que le falta carácter en los momentos decisivos; que tiene talento innegable pero le falta dar ese paso para ser una superestrella mundial. Inmediatamente se me viene a la mente las semifinales de la Champions 2014-2015 vs Juventus en el Bernabéu, cuando se notaba claramente desesperado y abrumado por el escenario bajo presión en el que se encontraba; o en las semifinales de Champions de la pasada temporada también en el Bernabéu, cuando decidió echar el balón al costado cuando un jugador del Real Madrid se encontraba tirado en el suelo justo en el mejor momento del Bayern, en una clara demostración de que no entendía los tiempos del juego y lo que significaba ese partido para su equipo. Tan grande fue la molestia de Heynckess con esta acción de James que no dudó de sacarlo del campo de juego tras esto.

La verdad es que ya oír hablar de James me da ganas de vomitar, porque me asquea el repulsivo y obsesivo periodismo deportivo colombiano. Sinceramente me da asco escuchar a los periodistas colombianos hablando de James porque lo pintan como el mejor jugador que ha existido cuando no es así. Insisten en una imaginaria campaña mediática en contra de James cuando el culpable de que no juegue es él mismo por su irregularidad, mala actitud y poco profesionalismo. James no es un santo, tiene una pésima actitud en la que se cree su status de estrella y piensa que está por encima de cualquier entrenador y que debe jugar por decreto. Todo esto sin mencionar su gusto por la fiesta. Nos quieres hacer creer que el problema son los entrenadores que tienen una guerra contra James, pero la triste realidad es que el problema es el propio James.

Debo remitirme al paso del colombiano por el Real Madrid porque es un fiel reflejo de esto. Desde Colombia se sentían indignados por la suplencia de James catalogándolo como una injusticia contra James; sin entender que si él no era titular para Zidane era porque simplemente no lo merecía, no era mejor que los otros mediocampistas del conjunto merengue. Y no pueden decir que no tuvo oportunidades con Zidane, porque el francés le dio oportunidades a todos; pero James no supo aprovecharlas con rendimientos mediocres.

Y todos pensaban que ahora James en el Bayern siendo titular podría demostrar lo equivocados que estaban en el Real Madrid. Pero aunque es cierto que subió su nivel, su talento lo hemos visto a cuenta gotas en Alemania. La realidad es que James es un futbolista que, tras su paso por el Real Madrid, se le subieron los humos a la cabeza y provocó que una nación entera elevara sus sentimientos de superioridad y soberbia a niveles nunca antes vistos. Como dije antes, me enferma escuchar a los defensores de James que lo defienden con argumentos sin sentido.

La verdad es que por culpa de los mismos aficionados James está sobrevalorado. ¿O cuando han visto a James echarse el equipo al hombro en un partido importante? ¿Cuándo lo han visto aparecer en un partido decisivo? La triste realidad es que el último gran partido de James Rodríguez fue en los 8vos de Final del Mundial 2014 vs Uruguay, donde no puedo negar que se destacó por sobre todos los demás.

Pero siento que el colombiano sigue viviendo de la renta de ese mundial y no acepta que si quiere ser grande de verdad debe ganárselo con trabajo y profesionalismo. Si lo hace, no dudo que junto a su innegable talento logrará hacerse un hueco de nuevo entre los mejores del mundo. De lo contrario, James seguirá deambulando de club en club sin poder consagrarse, peleándose con los entrenadores y creyéndose más de lo que es; sin entender que el verdadero problema es él mismo y siempre lo ha sido.